1.1.1. ¿Qué es riesgo
de desastre?
La noción de “riesgo”, en su
concepción más amplia, es consustancial con la existencia humana en esta
tierra. Evocando ideas sobre pérdidas y daños asociados con las distintas
esferas de la actividad humana. También debe reconocerse que la noción de
riesgo es inherente con la idea de empresa y la búsqueda de avance y ganancia,
bajo determinadas condiciones de incertidumbre. Al hacer referencia específi ca
a la problemática de los desastres, aquellas circunstancias o condiciones
sociales en que la sociedad haya sido afectada de forma importante por el
impacto de eventos físicos de diverso origen, tales como terremotos, huracanes,
inundaciones o explosiones, con consecuencias en términos de la interrupción de
su cotidianeidad y sus niveles de operatividad normal, estamos frente a una
noción o concepto de riesgo particularizado, lo que podemos llamar “riesgo de
desastre” o “riesgo que anuncia desastre futuro”. Este riesgo constituye un
subconjunto del riesgo “global” o total y, considerando las interrelaciones
entre sus múltiples partes, tendrá estrechas relaciones con las facetas con que
se describe el riesgo global, tales como el riesgo fi nanciero, el riesgo de
salud, el riesgo tecnológico etc.
Históricamente, la defi nición de “riesgo de desastre” ha
tomado dos rumbos:
En primera instancia están las
defi niciones que se derivan de las ciencias de la tierra y que tienden a defi
nir el riesgo como “la probabilidad de la ocurrencia de un evento físico
dañino”. Esta defi nición pone énfasis en la amenaza o el evento físico
detonador del desastre.
En segunda instancia, están las
defi niciones de riesgo de desastre que rescatan lo social y lo económico y
tienden a plasmarse en defi niciones del siguiente tipo: “el riesgo de desastre
comprende la probabilidad de daños y pérdidas futuras asociadas con la
ocurrencia de un evento físico dañino”. O sea, el énfasis se pone en los
impactos probables y no en la probabilidad de ocurrencia del evento físico como
tal.
El riesgo es una condición
latente que, al no ser modifi cada o mitigada a través de la intervención
humana o por medio de un cambio en las condiciones del entorno
físico-ambiental, anuncia un determinado nivel de impacto social y económico
hacia el futuro, cuando un evento físico detona o actualiza el riesgo
existente. Este riesgo se expresa y se concreta con la existencia de población
humana, producción e infraestructura expuesta al posible impacto de los
diversos tipos de eventos físicos posibles, y que además se encuentra en condiciones
de “vulnerabilidad”, es decir, en una condición que predispone a la sociedad y
sus medios de vida a sufrir daños y pérdidas. El nivel del riesgo estará
condicionado por la intensidad o magnitud posible de los eventos físicos, y el
grado o nivel de la exposición y de la vulnerabilidad.
Los eventos físicos y la
vulnerabilidad son entonces los llamados factores del riesgo, sin los cuales el
riesgo de desastre no puede existir. A la vez, es necesario reconocer que no
todo nivel de riesgo de daños y pérdidas puede considerarse riesgo de desastre.
Habrá niveles y tipos de riesgo que sencillamente no anuncian pérdidas y daños
suficientes para que la sociedad entre en una condición que sea denominada
“desastre”.
La noción de desastre exige
niveles de daños y pérdidas que interrumpen de manera significativa el
funcionamiento normal de la sociedad, que afectan su cotidianeidad. Así, puede
haber riesgo sin que haya desastre, sino más bien niveles de daños y pérdidas
manejables, no críticas. Bajar el nivel de daños probables a niveles aceptables
o manejables será una de las funciones más importantes de la gestión del riesgo
de desastre.
1.1.2. ¿Cuáles son
los factores que componen el riesgo?
A continuación se examina más de
cerca la noción de los “factores de riesgo”. Las posibilidades de limitar,
mitigar, reducir, prevenir o controlar el riesgo se fundamentan en la cabal
identifi cación de los factores del riesgo y de sus características
particulares, sus procesos de conformación o construcción, incluyendo los actores
sociales involucrados en su concreción. Cuando se habla de “factores de riesgo
de desastre” ¿a qué se hace referencia?
En esencia, se está apuntando a
la existencia de condiciones físicas y sociales que contribuyen a la existencia
de riesgo en la sociedad y que se diferencian entre sí. Además, se constituyen
en factores de riesgo a raíz de relaciones, y secuencias de causa y efecto,
diferenciadas.
Esencialmente, hay dos tipos de factor: (1) eventos físicos
potencialmente dañinos y (2) vulnerabilidad.
La existencia de estos factores
está condicionada por la exposición de la sociedad a los eventos físicos
potencialmente peligrosos, es decir la localización en áreas potencialmente
afectables.
En el primer caso, de los eventos
físicos, se hace referencia a una serie de fenómenos que pueden descargar
energía destructiva o presentar condiciones dañinas para la sociedad, son los
llamados “eventos físicos dañinos”. Estos comprenden un rango muy amplio de
tipos y circunstancias, y han sido clasificados por Lavell (1996) como
naturales, socionaturales, antrópico-tecnológicos y antrópicocontaminantes. Los
eventos naturales son propios de la dinámica de la naturaleza; los
socio-naturales se crean por la intervención del ser humano en el ambiente
natural, de tal forma que se generan condiciones físicas adversas; y los
antrópicos se relacionan con la actividad humana en la producción, manejo y
transporte de materiales peligrosos (más adelante se presentan mayores
elementos sobre cada tipo de evento).
En el segundo caso se hace
referencia a condiciones de “vulnerabilidad” de los seres humanos, sus medios
de vida e infraestructura frente a los eventos físicos peligrosos. La
vulnerabilidad se refi ere a una condición derivada y causal que se verifica
cuando procesos sociales hacen que un elemento de la estructura social sea
propenso a sufrir daños y pérdidas al ser impactado por un evento físico
peligroso particular. Es importante aclarar que un evento físico particular o
una combinación de estos sólo pueden convertirse en un factor de riesgo si
existen condiciones de vulnerabilidad en los elementos socioeconómicos
potencialmente afectables. En caso contrario el evento físico quedará sin
connotación de factor de riesgo. Se debe señalar que las mismas zonas que
presentan condiciones adversas son muchas veces, precisamente, las de mayor
oferta de recursos naturales, constituyéndose en áreas muy apetecidas para
procesos productivos y de desarrollo que explican el porqué de su ocupación y
explotación en todo el mundo. Las planicies de inundación son fuente de
productividad al igual que las laderas de los volcanes, por ejemplo, en donde
hay una rica oferta de recursos naturales. Si se entiende la ocurrencia de
fenómenos físicos peligrosos como momentos particulares dentro de una dinámica
natural que puede ser analizada y por ende incluida en la planifi cación del
desarrollo, entonces la clave de la gestión del riesgo consistirá en minimizar
las perdidas y daños asociados con la ocurrencia de estos fenómenos al tiempo
que se maximizan las ganancias en términos de productividad y bienestar a
través del uso racional y sostenible de los recursos.
1.1.3. ¿Qué significa la “construcción social de riesgo”?
Expresado de la forma más
sencilla, la construcción social del riesgo remite a los procesos a través de los
cuales:
1. Un evento físico particular
(manifestación del ambiente), o conjunto de ellos, con potencialidad para
causar daños y pérdidas adquiere la connotación de peligrosidad. Esto sucede
cuando elementos socioeconómicos son expuestos en condiciones de vulnerabilidad
en áreas de potencial afectación o presencia de los fenómenos físicos
peligrosos.
2. Nuevos eventos físicos son
generados por intervención humana en la transformación del ambiente natural
(eventos socio-naturales), o por efecto directo del manejo, producción y/o distribución
de materiales peligrosos (eventos antrópicos).
Básicamente, la noción de la
construcción social del riesgo se fundamenta en la idea de que el ambiente
presenta una serie de posibles eventos físicos que pueden ser generados por la dinámica
de la naturaleza, pero su transformación en amenazas reales para la población
está intermediada por la acción humana. Es decir, una amenaza no es el evento
físico en sí, sino el peligro asociado con ella, el nivel del cual es
determinado, entre otras razones, por factores no naturales o físicos, tales
como los grados de exposición o vulnerabilidad de la sociedad. Claramente, la concepción
de la construcción social del riesgo se deriva del involucramiento de las ciencias
sociales en el estudio del riesgo, lo cual ha obligado a una redefinición de
múltiples aspectos y conceptos emanados en sus primeras instancias del papel y
rol que han jugado las ciencias naturales y aplicadas en el tema. El enfoque
multidisciplinario del tema de riesgo y desastre trajo consigo una inevitable reelaboración
de conceptos y definiciones. Esto puede verse, por ejemplo, al examinar las
distintas definiciones que han surgido con el paso del tiempo para delimitar
las nociones de desastre, riesgo y amenaza. Desastre ha dejado de ser considerado
el evento físico per se (terremoto, huracán, etc.), para ser considerado en
términos del impacto social y económico de los eventos y la interrupción de lo
cotidiano; las amenazas también pasan de ser consideradas el evento físico en
sí mismo y ya se entiende con mayor claridad como la peligrosidad asociada con
un evento; o sea, es una calidad del evento y no la materialización del mismo;
y el riesgo ya no se considera como la probabilidad de ocurrencia de un evento
dañino, sino como los probables daños y pérdidas que se asocian con su
ocurrencia a futuro. Finalmente, la influencia de la ciencia social en las definiciones
y en determinar la sustancia del tema de riesgo y desastre se ve al tratar la
noción de “evento extremos”, término tan utilizado en las ciencias de la tierra
para denotar eventos en el límite del espectro de energía liberada (huracanes, terremotos
etc.). Vemos, entonces, que un evento extremo para la ciencia social o las
ciencias del desarrollo, sería aquello que causa más daño, con mayor impacto
humano. Así, no es difícil entender que en la medida en que el riesgo se
construye socialmente, un evento de menor magnitud en términos de energía
desplegada podría causar más daño que uno de mayor magnitud en la medida en que
la exposición de los elementos sociales y sus grados de vulnerabilidad sean más
altos. La noción de la construcción social del riesgo permite argumentar que el
nivel de los daños y las pérdidas no está en función directa y unilateral con
la magnitud e intensidad de los eventos físicos per se (Hewitt, 1983).
Una segunda acepción de la noción
de la construcción social del riesgo llama la atención sobre las nociones de
percepción, imaginarios sociales y riesgo subjetivo: aunque el riesgo puede ser
muchas veces dimensionado cuantitativamente, a través de la estadística y la
matemática probabilística (el cálculo actuarial), como lo hace una compañía de
seguros con la salud de las personas o la peligrosidad de sus localizaciones de
vivienda, puede también ser considerado de forma subjetiva. En este sentido, el
riesgo actuarial, objetivo, al pasar por las percepciones y filtros que establece
la experiencia humana, se transforma en imaginarios y dimensionamientos
perceptivos o cotidianos de tal forma que el individuo o colectividad ve el
riesgo con ojos no actuariales y actúa de acuerdo con las percepciones e imaginarios
que tenga.
Un aspecto muy importante en este
tipo de “construcción social” es el asociado con la relación entre riesgo cotidiano
y riesgo de desastre. Así, al tener que enfrentar diariamente el riesgo cotidiano
asociado con la pobreza (falta de empleo e ingresos, problemas de salud,
violencia doméstica y social, drogadicción y alcoholismo, etc.), múltiples
poblaciones perciben el riesgo de desastres o construyen imaginarios en torno a
éste de tal manera que parecen estar minimizando la importancia de lo que
objetivamente es de una dimensión significativa. En otras palabras, se posterga
la toma de decisiones y la inversión de esfuerzos en la reducción del riesgo de
desastres, para poder lidiar y enfrentar el riesgo cotidiano. Esto influye
enormemente en la capacidad de acción e intervención y sobre los mecanismos de toma
de decisión.
1.1.4. Los factores
de riesgoy su construcción social
Del concepto general de la
construcción social de riesgo, pasamos a considerar, con referencia a cada uno
de los factores centrales del riesgo, los mecanismos diversos en que el riesgo
se puede generar y construir, producto de prácticas individuales o colectivas
de uso y transformación del territorio y sus recursos.
Las amenazas físicas “naturales” Al
tratar de aquellos eventos clasificados como “naturales”, o sea aquellos que
forman parte de la dinámica natural y cambiante de este planeta y su atmósfera,
y sobre los cuales las sociedades humanas no pueden incidir en su ocurrencia o magnitud
(por ejemplo los sismos), su calificación como amenaza y su grado de
peligrosidad está determinada por la exposición de elementos socioeconómicos en
condiciones de vulnerabilidad dentro de su área de afectación o incidencia.
Hoy en día es dramáticamente alto
y creciente el número de personas, medios de vida e infraestructura, que se
encuentra expuesta a los posibles impactos de eventos físicos naturales potencialmente
peligrosos. El reciente Informe Global de Evaluación de la EIRD, sobre Riesgo y
Pobreza (Naciones Unidas-ISDR, 2009) indica que, a pesar de una reducción
relativa en la vulnerabilidad en países de ingresos medianos, un aumento en la
exposición en condiciones de vulnerabilidad se ha verifi cado continuamente, lo
cual desdibuja los logros obtenidos por el otro lado de esa reducción.
Aun cuando la exposición a
eventos físicos extremos no necesariamente significa amenaza y riesgo, ya que
esto depende además de los niveles de vulnerabilidad existentes, sin lugar a
dudas es el primer paso necesario en la construcción social del riesgo. Sin
exposición no hay posibilidad de amenaza o riesgo. A la vez reconocemos que es casi
imposible ubicarse en un lugar completamente seguro frente a eventos
potencialmente peligrosos, en particular aquellos considerados como “extremos”,
que se caracterizan, a veces, por tener un área de afectación de gran escala. La
naturaleza del planeta y su dinámica que por un lado permite que exista la
vida, por el otro garantiza que todo lugar esté sujeto en algún momento de
sufrir algún evento físico potencialmente peligroso. La clave de la gestión del
riesgo, frente a las amenazas naturales, consiste en acompañar la decisión de
localización de población y modos de vida con decisiones sobre los niveles de
seguridad de los edificios y la infraestructura instalada, las opciones de
reducir la vulnerabilidad en los sistemas productivos, el diseño de planes de
emergencia para enfrentar los momentos de estrés, etc.
La buena planificación del uso
del territorio y de sus recursos naturales considerando el riesgo de desastre
no garantizará la ausencia total de eventos peligrosos, pero si esta planificación
está acompañada por decisiones racionales sobre los niveles de protección
posibles, es probable que se logre una minimización del daño a mediano y largo plazo
y consecuentemente un tipo de desarrollo con condiciones de sostenibilidad. Las
decisiones sobre la localización de vivienda, producción e infraestructura se
toman normalmente considerando la base de recursos naturales y de localización
que ofrecen distintos lugares o aspectos relacionados con la renta del suelo
urbano y rural. La localización debería buscar garantizar la maximización de
“ganancias” y la minimización de pérdidas, incluyendo aquellas relacionadas con
la ocurrencia de eventos peligrosos.
Esas decisiones claramente son
distintas en el caso de personas o entidades con recursos que les permiten
elegir el territorio para su desarrollo y otros que por su situación social y
económica no tienen opciones de escoger y están reducidos a localizaciones
inseguras o marginales. El proceso de construcción social del riesgo asociado
con la localización y la exposición es diferente entre distintos grupos
sociales. Si se intenta construir una tipología de las formas cómo se crea el riesgo
a través de la exposición a fenómenos físicos potencialmente peligrosos, entre
los más prevalecientes se encuentran:
• Población pobre, expulsada del
campo por distintos procesos económicos, ambientales o de conflicto, quienes,
al encontrarse en la ciudad, están obligados a ocupar los lugares más inseguros
en pendientes y zonas de inundación, debido a su marginación o exclusión de los
mercados formales de tierra urbana. En muchos casos su ubicación en zonas inseguras
se “compensa” por la oportunidad de tener un lote y por la relativa cercanía a fuentes
de ingresos laborales. Ejemplos de estos procesos y contextos son
prevalecientes en todas las ciudades de América Latina, incluyendo el caso de
Honduras, donde el proceso histórico de expulsión de la población del campo
bajo los modelos de sustitución de importaciones y comercialización de la
agricultura de exportación, condujo a la ocupación de terrenos inseguros en Tegucigalpa
y otras ciudades, las cuales fueron afectadas de forma notoria con el impacto
del huracán Mitch en 1998. Un proceso similar de ocupación de zonas inseguras
ha ocurrido en Colombia durante las últimas décadas con la expulsión de
población de zonas de conflicto entre grupos armados y entre éstos y la fuerza pública,
y su ocupación en laderas inseguras en las grandes ciudades del país como
Bogotá y Medellín.
• Población de ingreso medio o
medio bajo, ocupando viviendas regulares, construidas por entidades
constructoras formales (muchas veces bajo proyectos fomentados por el Estado),
pero ubicadas en zonas sujetas a la ocurrencia de eventos peligrosos, y sin
adecuados sistemas de protección (sismoresistentes, anti-huracán, etc.). O, por
otra parte, ocupando zonas de conocida peligrosidad, sin que los consumidores tengan
acceso a información sobre los niveles de peligro que tienen y donde los
municipios conceden permisos de construcción sin el adecuado conocimiento del
medio y sus limitaciones u oportunidades. Los desastres asociados a los
terremotos de Marmora en Turquía o de Sichuan en China, ilustran bien el primer
caso. La destrucción de la comunidad urbana de “Las Colinas” en Santa Tecla (Nueva
San Salvador), El Salvador, en ocasión del sismo del 13 de enero de 2001,
ilustra bien el segundo caso.
• Población de amplios recursos
económicos quienes se ubican en zonas de alto valor estético y social, aunque
sujetas a la ocurrencia de eventos físicos peligrosos, tales como incendios
forestales y sismos, muchas veces con pleno conocimiento de causa, pero protegidos
económicamente por tener acceso a seguros contra tales eventos.
En cada caso, aunque bajo
distintas motivaciones y grados de libertad existe un “trade off” entre
oportunidad y recursos e inseguridad y pérdida. Aceptando la exposición de
elementos socioeconómicos frente a eventos físicos peligrosos, el segundo paso
en la construcción definitiva del riesgo se relaciona con la creación /
incremento / permanencia de condiciones de vulnerabilidad de los seres humanos
y sus medios de vida en contextos de exposición. Esto mismo es producto y
consecuencia de la forma en que una serie de factores y procesos políticos,
sociales y económicos se interrelacionan en el entorno de grupos sociales
particulares.
Los procesos que conducen al
desarrollo de la vulnerabilidad serán abordados en la siguiente sección. Se
reitera en este punto que la conversión de eventos físicos en amenazas y la
magnitud de éstas dependen, primero, de la exposición de elementos socioeconómicos
y, segundo, de la creación, incremento y/o permanencia de condiciones de
vulnerabilidad. Los eventos físicos “socio-naturales” y “antropogénicos”
En relación a las llamadas
amenazas socionaturales y antropogénicas, la naturaleza solamente juega un papel
de soporte o trasfondo, de insumo no defi nitorio. En su concreción como
eventos con características de “amenaza” siempre intervienen de forma crítica
acciones (u omisiones) humanas, base de la construcción social del riesgo. A
diferencia de las amenazas naturales, este tipo de amenaza tiene una doble forma
de participación humana en su concreción: por un lado, con referencia a la
concreción misma del evento como tal (que es causado en mayor o menor medida
por acción humana), y, por otro lado, con referencia a la exposición de la población
y sus modos de vida en condiciones de vulnerabilidad frente a estos fenómenos
(de igual forma que en el caso de las amenazas naturales tratadas
anteriormente). Con los elementos tecnológicos tales como incendios, explosiones,
derrames de sustancias tóxicas, desperdicios nucleares etc., no es necesario
profundizar demasiado, dado lo obvio de las formas o mecanismos sociales de
creación de la amenaza. El ejemplo más dramático y cercano puede ser el del
desastre causado por las explosiones en la ciudad de Guadalajara (México)
asociada con la filtración de sustancias inflamables y explosivos en los
sistemas subterráneos de la ciudad; o la explosión de la instalación
petroquímica en el Distrito Federal en la década de los 90, o de la fábrica de
municiones en Córdoba a principios del siglo pasado. A nivel internacional, el
desastre de Chernobyl y el potencial desastre de Three Mile Islands además de
los numerosos naufragios de barcos transportadores de petróleo, ilustran este tipo
de eventos y amenazas.
En relación a los eventos y
amenazas socionaturales, que se construyen sobre una base natural, pero con una
intervención causal derivada de acciones humanas concretas, se presenta, como
el caso de mayor relevancia política y de mayor interés y vigencia en la actualidad,
el Cambio Climático, donde una parte importante de su causalidad es asignada a
la intervención humana en los ecosistemas y procesos atmosféricos. Así, el
clima, producto de los flujos y ritmos de la misma naturaleza, ha sido ya
influenciado y modificado por la introducción de los gases de invernadero en la
atmósfera, por la urbanización y la creación de las islas de calor urbanas y
por la deforestación que limita la captura de CO2. De esta forma, el clima está
manifestando sus desequilibrios con la concreción de eventos físicos más
extremos, más intensos, de mayor magnitud y recurrencia. Estos eventos, como
consecuencia de las acciones humanas, no son naturales sino socionaturales. Las
nuevas amenazas asociadas con el cambio climático son una expresión más global,
más imponente, de los procesos que ocurren a nivel de micro clima, por ejemplo,
en los casos en que una ciudad ha reemplazado la vegetación natural
pre-existente con asfalto y cemento.
En la subregión andina, muchas
ciudades no han tenido en cuenta las medidas requeridas para un adecuado
sistema de drenaje pluvial, que considere la velocidad y el caudal de escorrentía
esperado sobre un terreno que no permite la infiltración que el proceso natural
de regulación del ecosistema requiere; de esta forma, se han presentado
inundaciones causadas principalmente por el inadecuado manejo de la escorrentía
humana, no por causas naturales como la lluvia.
Es importante aclarar, en este
último ejemplo, que si bien la precipitación es un “sine qua non” para la
verificación de una inundación en un área urbanizada, la lluvia por sí sola no
explica las causas del desastre; por el contrario, la explicación reside en la
ausencia de adecuados sistemas de planificación y construcción de
infraestructuras urbanas en función del régimen pluvial del territorio. Tales
procesos de inundación se han verificado en muchas ciudades de América Latina,
como Buenos Aires, San Salvador, Río de Janeiro, Barranquilla y Santiago de
Chile. La creación de amenazas socio-naturales incluye numerosas experiencias
que dan cuenta de distintas formas de relación sociedad - naturaleza. El corte
de manglares en las costas de nuestra región o en Asia conduce a un debilitamiento
de los niveles de protección ofrecida por los ecosistemas naturales y un mayor
impacto de huracanes y tsunamis, por ejemplo, como fue apuntado en el caso del evento
de Indonesia en 2004. La deforestación de las pendientes de las cuencas altas
de los ríos conduce a mayores procesos de erosión, deslizamiento, sedimentación
e inundación en las cuencas bajas, con impactos en la población y su
producción. La construcción de presas hidroeléctricas y el inadecuado manejo de
los niveles de agua de las presas durante periodos de intensa lluvia pueden
conducir a la descarga repentina de los niveles de agua para proteger las
estructuras de presa con repercusiones en las inundaciones río abajo. Los casos
del Bajo Lempa en El Salvador, en ocasión del huracán Mitch y de las
inundaciones en Tabasco, México, en 2007, ejemplifican este hito del proceso de
construcción social del riesgo.
1.1.5. La
construcción de la vulnerabilidad
La vulnerabilidad, como se ha
explicado, se refiere a la predisposición de los seres humanos, sus medios de
vida y mecanismos de soporte a sufrir daños y pérdidas frente a la ocurrencia
de eventos físicos potencialmente peligrosos. Esta predisposición, como se
mencionó anteriormente, no es en general producto unilateral de la magnitud o
intensidad del evento; aunque se debe aclarar que en caso de condiciones
extremas, tales como las explosiones volcánicas paróxicas de Krakatoa, Pinatubo
o Monte Santa Helena, de meteoritos grandes que impacten la tierra, de
terremotos de magnitud superior a 9.0 y tsunamis con alturas superiores a los 30
metros, realmente es difícil imaginar una sociedad expuesta que pueda absorber
el impacto.
No obstante, a pesar de la
existencia de este tipo de eventos, se debe aceptar que el problema del riesgo
de desastre, como se propone abordar en la gestión del riesgo, no se ubica en
la esfera de eventos realmente extremos, sino en el rango normal de eventos
recurrentes para los cuales, en principio, la sociedad dispone de mecanismos de
planificación, de protección o de mitigación. La predisposición al daño, es decir
la vulnerabilidad de los elementos socioeconómicos expuestos, con referencia al
espectro normal de eventos físicos recurrentes, es el resultado de condiciones
sociales, políticas y económicas que asignan diversos niveles de debilidad o
falta de resistencia a determinados grupos sociales.
Toda causa de vulnerabilidad y
toda expresión de vulnerabilidad, es social. Por lo tanto, el proceso de creación
de condiciones de vulnerabilidad obedece también a un proceso de construcción social.
Las causas de la vulnerabilidad
nos remiten a una consideración de un número alto de circunstancias que se
relacionan de una que otra forma con: (1) los grados de resistencia y
resiliencia de los medios de vida; (2) las condiciones sociales de vida; (3) los
grados de protección social y autoprotección que existen; y (4) el nivel de
gobernabilidad de la sociedad (Cannon, 2007). Estos factores pueden verse a la
luz de múltiples aspectos y condiciones asociados con la cultura, la economía,
la sociedad, la organización social, las instituciones, la educación, etc.
(Wilches Chaux, 1988). Al hablar de vulnerabilidad y sus causas, es aceptado
que el concepto y la expresión de la predisposición a sufrir daños y pérdidas
varía con referencia a eventos físicos distintos: vivir en un edifi cio
inseguro frente a sismos (no sismo resistente), en una zona sísmica, es causa
de vulnerabilidad; sin embargo, ese mismo edificio puede no ser necesariamente
vulnerable frente a incendios, al contar con un sistema de detección y
extinción efectiva de conflagraciones.
La aproximación a la
vulnerabilidad no solo discurre el camino del daño físico. Por ejemplo son vulnerables
los alumnos que están expuestos a un sistema educativo cuyos contenidos
curriculares no dotan al estudiante de un grado adecuado de conocimiento de su
medio y de las amenazas que éste presenta. De igual manera, vivir en un pueblo comunicado
al exterior por un solo camino de tercería que cruza zonas sujetas a
deslizamientos, es tanto una expresión de vulnerabilidad como lo es no tener un
sistema de ahorros o seguros que proteja al ciudadano en momentos de crisis. Una
sociedad individualista, a diferencia de otra con altos niveles de solidaridad
humana y de cohesión social, también dota a sus individuos de niveles de vulnerabilidad
más altos.
El concepto o noción de
vulnerabilidad hoy en día se acompaña por la noción de “resiliencia”, en el
sentido de falta de resiliencia: aun cuando las definiciones y uso de este
término o noción son variadas, la resiliencia se propone como una subnoción del
concepto de vulnerabilidad, al referirse a la capacidad de una comunidad o
individuo de levantarse, de re-establecerse, de recuperarse y reconstituirse,
después de la ocurrencia de un evento dañino con consecuencias severas en términos
de pérdidas y daños. Un ejemplo reciente de resiliencia se encuentra en la
comunidad de Cinchona en Costa Rica, severamente dañada por un sismo en enero
de 2009, donde una compañía de fabricación de productos lácteos fue destruida
poniendo en peligro el empleo de cientos de trabajadores, pero que por la forma
de administración y copropiedad de la compañía, la solidaridad implícita y la
solidaridad del pueblo, logró re-establecerse rápidamente, sin haber despedido
a ningún trabajador en el periodo de baja. Anteriormente, en escritos y
discursos conceptuales ampliamente difundidos, se había definido la vulnerabilidad
en términos de la predisposición de la sociedad de sufrir daño y, además, de su
incapacidad de recuperarse autónomamente sin intervenciones externas. Así, la noción
de resiliencia está siendo incorporada al léxico del tema de riesgo y desastre
para identificar específicamente aquellos entornos en que la sociedad está en mejores
situaciones para recuperarse después del impacto y sus consecuencias
inmediatas, y volver a la “normalidad”. Esa “resiliencia” sería producto de
diversas situaciones, contextos y factores todos sociales. Así, en la misma
medida en que tener acceso a ahorros individuales o sociales o a seguros
individuales o colectivos dotaría de ciertos niveles de resiliencia, también
tener una economía personal o familiar diversifi cada, o tener fuentes alternativas
de energía y agua potable, aumentaría la resiliencia. La reducción de la
vulnerabilidad y el aumento de la resiliencia se consideran, en consecuencia,
elementos clave en la gestión del riesgo de desastre.
1.1.6. La dinámica de
la sociedad, la dinámica del riesgo
El riesgo de desastre es entonces
un proceso social caracterizado por la coincidencia, en un mismo tiempo y
territorio, de eventos físicos potencialmente peligrosos, y elementos socioeconómicos
expuestos ante éstos en condición de vulnerabilidad. Por lo tanto, en la
determinación de la existencia del riesgo y sus niveles, actúan fuerzas
derivadas de la sociedad y de la naturaleza. Ninguno de estos dos elementos es
estable o permanente en el tiempo. Sufren cambios y variaciones de manera continua.
A veces estos cambios son graduales, paulatinos o pausados; a veces son
abruptos e incluso repentinos.
En el primer caso, cuando la
dinámica del riesgo se considera gradual, se hace referencia a una situación en
donde el ritmo de una economía en proceso de desarrollo se califi ca como
“estable” (aunque la estabilidad es muchas veces una falsa expresión de una
realidad contradictoria) o la dinámica de la naturaleza se evalúa con momentos
y ritmos predecibles y normales. En este caso los factores de riesgo pueden sufrir
constantes, pero incrementales y hasta predecibles cambios, lo cual permite
identificar estrategias de intervención que pueden incluirse en la planificación
del desarrollo.
En general, el entorno natural
tendrá un nivel de constancia tanto en términos de sus normas y promedios, como
con referencia a los periodos de retorno de eventos extremos. El clima, la
dinámica de la corteza terrestre y de los océanos, aunque tipificados por lo
rutinario y lo extremo, como parte de su variabilidad interna, son
relativamente constantes en sus expresiones y la sociedad informada puede
predecir su comportamiento dentro de límites más o menos estrechos. En este caso,
a pesar que haya cambios en el entorno natural, en esencia el contexto de estos
eventos y de la connotación de amenaza que encierran es más o menos constante,
evolucionando de manera pausada. Con la sociedad, la influencia de políticas sociales
y económicas particulares y a veces cambiantes dentro de la rutina establecida;
de comportamientos cambiantes y a veces erráticos de los individuos, familias y
colectividades; de procesos de ocupación y utilización del territorio expansivo,
etc., garantiza que mientras haya relativos niveles de estabilidad, siempre hay
cambios y expresiones en los niveles de ingresos, de seguridad, de existencia
social diferenciados, los cuales tendrán algún impacto en los niveles de vulnerabilidad
y resiliencia de las personas y comunidades.
Bajo las condiciones de
“normalidad” de ambiente y sociedad, con los cambios paulatinos que suceden, es
obvio que el riesgo, construido a raíz de la interacción de eventos con la
exposición y la vulnerabilidad, es un proceso dinámico, aunque esté sujeto a
una lenta evolución. Hasta por razones particulares, dentro de los procesos normales
y pausados de cambio, puede haber casos más abruptos donde una sección
particular de la sociedad sufre un cambio brusco en sus condiciones de riesgo. Esto
podía suceder por ejemplo en el caso del desarrollo de infraestructura para la
generación de energía eléctrica hídrica y el subsiguiente desplazamiento de
grandes contingentes de población hacía zonas que tal vez ofrecen menores condiciones
de seguridad en comparación con sus lugares de ocupación histórica; o, en el
caso de la expulsión de población de zonas de violencia endémica y su
reubicación en zonas de pendientes inseguras en ciudades grandes e intermedias.
Un caso recurrente en la región se presenta cuando empresas productivas deciden
cerrar y trasladar la producción monopólica de frutas de un país a otro en
búsqueda de mejores condiciones de competitividad, generando usualmente condiciones
de desempleo local que si no son compensadas pueden acarrear la reubicación de población
en tierras inseguras, en búsqueda de sustento. A diferencia del cambio “normal”
dentro de parámetros de economía y sociedad y ambiente natural, establecidos y
reconocidos, existen momentos de transformación hasta cierto punto dramáticos.
Aquí se trata de los momentos de inflexión fundamental en la relación sociedad
- ambiente. A la vez que la noción de “catastrofismo” es bien conocida en la
geología y los estudios ambientales en general, también en los estudios de la
sociedad, existen cambios abruptos, cambios de paradigmas de pensamiento y
acción que marcan pautas y momentos significativos en la historia humana. Las
transformaciones en los factores y condiciones de riesgo en general y de riesgo
de desastre en particular, pueden acelerarse en estos momentos, exigiendo una
flexibilidad e imaginación en nuestras respuestas y reacciones.

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