viernes, 22 de noviembre de 2013

MANEJO DE CADÁVERES EN SITUACIÓN DE DESASTRES


MANEJO DE CADÁVERES EN SITUACIÓN DE DESASTRES
 

EL DUELO 

Es de esperarse que después de la muerte de uno o varios seres queridos se presente la tristeza, el sufrimiento y la aflicción. El período de duelo es aquél en el cual la persona asimila lo sucedido, lo entiende, lo supera y reconstruye su vida. Éste es un proceso normal que no debe apresurarse ni tratar de eliminarse, así como tampoco considerarlo como una enfermedad. 

En nuestra cultura se siente la necesidad de recordar al ser querido, de conmemorar su vida y su muerte, como expresión de “que no será olvidado”, así como para enfrentar los propios sentimientos de tristeza. La tumba, una lápida, una foto o flores en la casa son formas comunes de hacerlo. La realización de los rituales que establece la cultura comunitaria es parte importante del proceso de recuperación de los sobrevivientes. 

El duelo se vivencia con una mezcla de tristeza, angustia, miedo e ira; en el momento más crítico llega a los extremos del dolor emocional muy intenso y la desesperación. Después viene el alivio progresivo y concluye con expresiones de confianza y esperanza renovadas.

 

El proceso de duelo implica:

·         Liberarse o dejar atrás la relación con la persona fallecida,

·         Adaptarse al mundo en otras condiciones, y

·         El esfuerzo por establecer nuevas relaciones.

 

El modo de afrontar la pérdida y llevar el duelo adecuadamente está en estrecha
relación con los siguientes factores:

·         La personalidad del sobreviviente y la fortaleza de sus mecanismos de defensa,

·         La relación con el fallecido,

·         Las circunstancias en que ocurrieron los hechos, y

·         La red de apoyo social (familia, amigos y comunidad).

En situaciones de muertes masivas se han descrito los miedos y sentimientos que
experimentan los sobrevivientes1:

·         Pesadumbre y aflicción por la pérdida de familiares y amigos que, en ocasiones, coexisten con pérdidas de tipo material. También existen pérdidas más sutiles y a veces intangibles, como la pérdida de la fe en Dios, la pérdida del sentido de la vida, etc.

·         Miedos prácticos: los temores a asumir los nuevos roles que le impone la desaparición de un miembro de la familia (la esposa viuda que se convierte en jefa del hogar) o el padre viudo a cargo de los hijos.

·         Miedos recurrentes a que pueda ocurrir algo nuevamente o que la muerte se va a cernir sobre otros miembros de la familia o la comunidad.

·         Miedo personal a morir: el miedo a lo desconocido o a enfrentar a Dios.

·         Sentimientos de soledad y abandono: es frecuente que los sobrevivientes experimenten que los familiares y amigos los abandonan en momentos difíciles.

·         Miedo a olvidar o ser olvidado.

·         Enojo: se sienten molestos contra los que los murieron y lo descargan contra familiares o amigos cercanos.

·         Sentimientos de culpa: se sienten culpables en alguna medida de la muerte de los seres queridos. A veces, lo que suceda después de la muerte incrementa este sentimiento.

·         Vergüenza después de la muerte de un ser querido, por circunstancias que rodearon el fallecimiento de la persona (su comportamiento, humillaciones, etc.); o vergüenza por las condiciones en que queda la familia después de los sucesos.

Las manifestaciones psicológicas más frecuentes en situaciones de duelo son2:

·         Recuerdos muy vivos y reiterativos del fallecido y de lo ocurrido.

·         Nerviosismo o miedo, tristeza y llanto.

·         Deseos de morir.

·         Problemas con el sueño y el apetito.

·         Problemas de memoria y para la concentración mental.

·         Fatiga y pocas motivaciones y dificultades para retornar al grado normal de actividad.

·         Tendencia al aislamiento y la soledad.

·         Mezcla de sentimientos o emociones como: reproche a sí mismo, inculpar a otros, frustración, impotencia, enojo, sentirse abrumado, etc.

·         Descuido del aspecto y la higiene personal.

·         Manifestaciones corporales como: mareos, náuseas, dolor de cabeza, opresión precordial, temblores, dificultad para respirar, palpitaciones, sequedad en la boca y aumento de la tensión arterial.

EL PROCESO DE DUELO ALTERADO 

En todas las sociedades existen ritos, normas y formas de expresión del duelo, que se derivan de diferentes concepciones de la vida y la muerte. En la cultura latina se desarrollan determinados rituales como el velatorio del cadáver durante 24 horas, el entierro, el acompañamiento de la familia por los amigos, la posterior realización de ceremonias religiosas y la celebración de aniversarios. 

Cuando se producen muertes masivas, desapariciones, así como cadáveres no  identificados, este proceso se altera y no se pueden cumplir las diferentes facetas del mismo; incluso, en muchos casos, no se dispone del cuerpo y se produce una sensación de vacío, de “duelo frustrado o no resuelto”.

En condiciones de desastres catastróficos y en la guerra, el duelo supone la necesidad de enfrentar otras muchas pérdidas y tiene un sentido más amplio y comunitario; implica la ruptura de un proyecto de vida, con una dimensión no sólo familiar, sino también social, económica y política. Se puede identificar, entonces, no sólo el duelo que individualmente vivencian las personas y su entorno familiar, sino que existe un “duelo colectivo” que implica una atmósfera emocional de sufrimiento y cólera que afecta la dinámica comunitaria. Se mezclan miedos y sentimientos, se entorpecen los canales de comunicación y se modifican las conductas de grupo. En períodos posteriores, es necesario trabajar la memoria histórica de ese colectivo afectado. 

Cuando la violencia está como eje central de las muertes, hay mayor dificultad para enfrentar el dolor y llevar adelante un proceso de duelo normal; se incrementa el sufrimiento y persisten los recuerdos traumáticos. Cuando han sido masacres de carácter público, al impacto del fallecimiento de los seres queridos se suma el haber sido testigo de atrocidades. Se experimenta la sensación de falta de sentido de la muerte y un profundo sentimiento de injusticia; así como emociones encontradas y reproche por “no haber hecho nada”. 

Las desapariciones forzosas son un son un método inhumano que ha sido utilizado frecuentemente por las fuerzas participantes en los conflictos armados en nuestra región. En muchos desastres naturales y accidentes provocados por el hombre, también ocurren desapariciones. Aunque la familia tenga la certeza de que la persona murió, vivir con esa pérdida es mucho más difícil. Se crea una ambigüedad de pensamientos y emociones y una preocupación adicional sobre la forma en que se produjeron los hechos y el destino del cuerpo. 

Las circunstancias que hacen más difícil enfrentar un proceso de duelo son3:

·         Desapariciones,

·         Imposibilidad de reconocer los cadáveres,

·         Enterramientos colectivos,

·         Masacres, y

·         Los que, aunque supieron de la muerte y pudieron realizar un entierro, pero tienen muchos sentimientos de ira debido a lo brutal e injusto de la misma.

El proceso de duelo alterado conduce, frecuentemente, a la aparición de trastornos siquiátricos que requieren de intervenciones más especializadas, como en los siguientes casos ocurridos en Guatemala, Colombia y Perú.
 

LOS TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS EN LOS SOBREVIVIENTES
 

Ante una situación muy significativa e impactante emocionalmente - como la muerte de seres queridos - ciertos sentimientos y reacciones son frecuentes; por lo general, el duelo implica un alto nivel de angustia y tristeza en las personas. Así mismo, el recuerdo de lo sucedido será parte de la vida de las víctimas y no se borrará de su memoria. Pero se ha demostrado que sólo algunos sujetos experimentan problemas más graves o duraderos que podrían calificarse como psicopatología. 

Algunas manifestaciones síquicas son la respuesta comprensible ante las experiencias traumáticas vividas, pero también pueden ser indicadores de que se está presentando una condición patológica (sobre todo en condiciones de duelos alterados).

La valoración debe hacerse en el contexto de los hechos, determinando si se pueden interpretar como respuestas “normales o esperadas” o, por el contrario, identificarse como manifestaciones psicopatológicas que requieren un abordaje profesional. 

Algunos criterios para determinar si una expresión emocional se está convirtiendo
en sintomática son:

·         Prolongación en el tiempo,

·         Sufrimiento intenso,

·         Complicaciones asociadas (por ejemplo, una conducta suicida), y

·         Afectación significativa del funcionamiento social y cotidiano de la persona. 

Los trastornos psíquicos inmediatos más frecuentes en los sobrevivientes son los episodios depresivos y las reacciones de estrés agudo de tipo transitorio. El riesgo de aparición de estos trastornos aumenta de acuerdo con las características de las pérdidas y otros factores de vulnerabilidad. En los desastres también se ha observado el incremento de las conductas violentas, así como el consumo excesivo de alcohol. 

Entre los efectos tardíos se reportan duelos patológicos que se expresan como depresión, trastornos de adaptación, manifestaciones de estrés postraumático, abuso del alcohol u otras sustancias adictivas y trastornos psicosomáticos. En guerras y conflictos de larga duración, los patrones de sufrimiento se manifiestan como tristeza, miedo generalizado y ansiedad expresados corporalmente, síntomas que con frecuencia adquieren un carácter grave y de larga duración. 

El duelo complicado puede conducir a un trastorno depresivo7 que se caracteriza por una tristeza acentuada, pérdida de la capacidad de interesarse y disfrutar de las cosas, disminución del nivel de actividad y cansancio exagerado. También se señalan síntomas como: disminución de la atención y la concentración, pérdida de confianza en sí mismo, sentimientos de inferioridad, ideas de culpa, perspectivas sombrías sobre el futuro, pensamientos o actos suicidas, trastornos del sueño y pérdida del apetito. 

Los trastornos de adaptación se caracterizan por un estado de malestar subjetivo, trastornos emocionales que alteran la vida social y dificultad para ajustarse al cambio vital que significa la pérdida. 

El estrés postraumático es un trastorno de tipo tardío o diferido que aparece como consecuencia de acontecimientos excepcionalmente amenazantes o catastróficos; se inicia después del trauma con un período de latencia cuya duración varía desde unas pocas semanas hasta los seis meses. En muchas ocasiones, más que un cuadro completo de estrés postraumático, aparecen sólo algunos síntomas del mismo8: 

·         Evocación del acontecimiento traumático (revivir el acontecimiento): recuerdos recurrentes e intrusos, pesadillas, flashbacks.

·         Evitación de estímulos asociados con el traumatismo: esfuerzos para evitar conversaciones, situaciones, lugares o personas que recuerden el acontecimiento.

·         Disociación: sensación subjetiva de embotamiento o ausencia de la realidad, aturdimiento, como en un sueño. No poder recordar aspectos importantes del trauma.

·         Disminución de la capacidad de respuesta al mundo exterior: incapacidad de sentir emociones, sensación de alejamiento de los demás.

·         Aumento de la activación: estado aumentado de alerta, irritabilidad o ataques de ira.

·         Ansiedad significativa: en ocasiones, estallidos agudos de miedo o pánico.

·         Depresión: es frecuente la ideación suicida.

·         Insomnio.

·         Síntomas vegetativos.

·         El consumo de alcohol o drogas puede ser un factor agravante. 

También se ha reportado el incremento del índice de suicidios en los períodos posteriores al deceso masivo de personas como consecuencia de desastres naturales o crímenes de guerra (Guatemala y Armero)9. 

LA NOTIFICACIÓN DE LA DESAPARICIÓN O MUERTE Y EL RECONOCIMIENTO DE CADÁVERES 

La notificación de la muerte se puede producir en el hogar, en un centro de salud, en la morgue o en otro escenario. Resulta un momento crítico y difícil de enfrentar pues puede producir reacciones fuertes. Algunas recomendaciones útiles son las siguientes: 

·         Antes de la notificación, debe recopilarse toda la información posible sobre el fallecido y los hechos acaecidos;

·         Obtener información sobre las personas que van a ser notificadas;

·         Asegurarse de que el familiar adulto más apropiado reciba la noticia primero;

·         La notificación debe realizarse de manera directa y personal;

·         La notificación debe hacerse, preferiblemente, por dos personas;

·         Manejar las reglas comunes de cortesía y respeto;

·         No llevar a la entrevista objetos personales del fallecido;

·         invitar a los familiares para que se sienten y hacer lo mismo por parte de quienes van a notificarlos;

·         Observar cuidadosamente el ambiente para prevenir riesgos y estar preparado para atender niños u otras personas;

·         El mensaje debe ser directo y sencillo; a la mayoría de las personas las características de la escena le harán prever que algo terrible ha pasado, por lo que no debe prolongarse su agonía o ansiedad; no hay que dejar dudas ni crear falsas expectativas;

·         Estar preparado para presentar evidencias y responder preguntas;

·         Si los familiares lo requieren, debe ayudárseles a informar a otras personas, y

·         Escuchar y atender las necesidades inmediatas de los familiares, así como recordarles sus derechos. 

La notificación del fallecimiento siempre debe ser individual (caso por caso); debe evitarse dar una información de esta índole de forma masiva o grupal. Si es necesario, deben constituirse varios equipos o parejas que se distribuyan el trabajo. 

Si la persona es desaparecida debe notificarse como tal. Esto genera el comienzo de un proceso de tristeza anticipada, pero también ayuda si los desaparecidos se confirman posteriormente como muertos. 

Si existen posibilidades de que no se confirme en el corto plazo (o tal vez nunca) la muerte o el destino del desaparecido, es necesario explicar las circunstancias que rodean el caso. 

Si existen dudas sobre la identidad de los cadáveres, debe explicarse la investigación que se realiza y aclarar que hasta que no se concluya no se puede ofrecer una información fehaciente, evitando las conjeturas. 130 

Un problema importante por enfrentar en casos de muertes masivas es el del reconocimiento de los cadáveres. En este complejo proceso se ven implicados diversos actores como son: familiares, autoridades, trabajadores de las morgues, equipos médicos y de asistencia psicológica, así como los medios de comunicación social. 

Las personas (en ocasiones, adolescentes) que se ven forzadas a enfrentar el difícil trance del reconocimiento de los cadáveres se exponen a momentos muy traumáticos.

Entre las manifestaciones que se presentan entre los familiares que van a reconocer los cuerpos de sus seres queridos destacan la desesperación, la frustración y, ocasionalmente, manifestaciones de protesta o inconformidad con los procedimientos que se están usando, etc. Esto se puede ver acrecentado si los cadáveres se encuentran en estado de descomposición, mutilados o quemados, como ocurre en los casos de incendios o accidentes de aviación. 

Si los cuerpos no se encuentran o no se pueden reconocer, se puede esperar a que se presenten diversos rumores, que deben ser afrontados mediante una información veraz y oportuna. Se debe permitir que los familiares vean todos los cuerpos, cualquiera que sea el estado en que éstos se encuentren, ya que los deudos siempre harán todo lo posible por reconocer a sus seres queridos. De no hacerse esto, pueden aparecer manifestaciones de inconformidad y violencia. 

Es importante contar con servicios médicos y de atención de salud mental lo más cerca posible del lugar donde se esté realizando el reconocimiento de cadáveres para brindar asistencia física y emocional a los familiares.

Por lo general, los familiares reclaman ver el cadáver lo antes posible o esto puede

ser necesario para identificar el cuerpo. Se recomienda lo siguiente: 

·         La decisión de quiénes van a ver el cadáver deben tomarlas los propios dolientes.

·         No permitir que los familiares ingresen solos al reconocimiento; es preferible que estén acompañados por personal calificado que les brinde algún soporte emocional.

·         Ofrecer privacidad y respeto para que puedan despedirse, incluso si quieren tocar el cuerpo.

·         Respetar en ese momento cualquier tipo de reacción que puedan tener los familiares.

·         Si el cuerpo está muy alterado o mutilado, es necesario explicar previamente y de manera clara las condiciones en que se encuentra.

·         Si se utilizan fotografías, describirlas previamente. El sistema de fotos puede ser eficaz en situaciones con un número reducido de cadáveres; pero cuando existe un número elevado de cuerpos puede generar tumultos o prestarse a que dos o más familias crean reconocer un mismo cuerpo.

·         Un apoyo necesario, casi siempre, es transportar a los familiares hacia el lugar donde está el cadáver y asegurar el retorno.

·         Proveer mínimas condiciones de comodidad y garantizar una atención humana en el lugar del reconocimiento de los cadáveres

ATENCIÓN PSICOSOCIALA LOS SOBREVIVIENTES 

Frecuentemente se enfrenta un panorama desolador con numerosas pérdidas humanas y materiales en una situación de inseguridad y angustia. 

Los familiares de los desaparecidos son atormentados por la duda y falta de certeza en cuanto a lo que realmente ocurrió. También, cuando las víctimas han sido enterradas en fosas comunes o cremadas y no fueron debidamente identificadas, se crea una situación de dolor prolongado e incertidumbre entre los familiares. 

En los primeros momentos es necesario utilizar técnicas de intervención en crisis para los sobrevivientes. A continuación se dan algunas recomendaciones 13:

·         Tratarlos como sobrevivientes activos y no como víctimas pasivas.

·         Asistir y mostrar preocupación por la seguridad física y la salud.

·         Asegurarse que tengan abrigo, alimentación, vestuario y que puedan dormir.

·         Proporcionar apoyo emocional y un sentido de conexión con otras personas.

·         Asegurar privacidad y confidencialidad en la comunicación.

·         Facilitar que ventilen o cuenten su historia y afloren las emociones.

·         El que ofrece la ayuda psicológica debe desarrollar el sentido de escuchar responsable, cuidadosa y pacientemente. Los miembros de los equipos de respuesta deben explorar sus propias concepciones y preocupaciones sobre la muerte y no deben imponer su visión a aquéllos que ayudan.

·         No darle carácter médico a la atención. No tratar a las víctimas, necesariamente, como enfermos.

·         Más que dar consejos, debe permitirse la reflexión sobre lo sucedido y cómo enfrentar el futuro. Las orientaciones deben referirse más bien a cuestiones prácticas y canales de ayuda que se abren.

·         Proveer tanta información como sea posible y escuchar las dudas y problemas para contribuir a canalizarlos.

·         Favorecer el retorno a la vida cotidiana lo antes posible.

·         Evitar la intromisión de la prensa u otros grupos.

·         El apoyo espiritual o religioso es, generalmente, un instrumento valioso para calmar a los familiares. 

Un elemento importante en el manejo de los duelos es favorecer la rápida tramitación de la funeraria y lograr que sea gratuita o accesible para las personas de bajos ingresos. La demora en la entrega de los cadáveres y la incertidumbre sobre los recursos para el pago de los servicios funerarios crea aún mayor angustia y sufrimiento. 

Frecuentemente, las autoridades no conceden mayor importancia al problema de los servicios funerales, sobre todo en medio de la situación de caos creada por el desastre. Sin embargo, para los familiares tiene una gran significación y puede ser motivo de protestas y malestar colectivo.

Los criterios de remisión a un especialista (psicólogo o médico psiquiatra) son limitados y específicos:

·         Síntomas persistentes o agravados que no se han aliviado con las medidas iniciales.

·         Dificultades importantes en la vida familiar, laboral o social.

·         Riesgo de complicaciones, en especial, el suicidio.

·         Problemas coexistentes como alcoholismo u otras adicciones.

·         Las depresiones mayores, psicosis y el trastorno por estrés postraumático son cuadros psiquiátricos graves que requieren de atención especializada.

El uso de medicamentos debe estar restringido a los casos estrictamente necesarios y sólo prescritos por facultativos. No es recomendable el uso indiscriminado y por largos períodos de psicofármacos; algunos, como los tranquilizantes, tienen efectos secundarios importantes y crean adicción.

La gran mayoría de los casos pueden y deben atenderse ambulatoriamente, en su contexto familiar y comunitario. Por lo general, la hospitalización no es necesaria. En la vida cotidiana es donde se activa la recuperación sicosocial de las personas después de los eventos traumáticos importantes.

Para los niños sobrevivientes se recomienda: 

  • Una estrategia de recuperación psicosocial flexible y no profesionalizada.
  • Considerar la escuela, la comunidad y la familia como espacios terapéuticos fundamentales. Los maestros, el personal comunitario, los grupos de mujeres y los grupos de jóvenes se convierten en agentes de trabajo con los menores.
  • Fortalecer la capacitación, la atención y la motivación del personal que trabaje con niños.
  • Las técnicas grupales lúdicas son instrumentos esenciales para la recuperación psicosocial de los niños. Deben combinarse con la recreación y el deporte.
  • Favorecer, lo antes posible, el retorno a la vida normal incluyendo la escuela.
  • Aprovechar las tradiciones populares en lo referente a los cuidados y la atención de los menores afectados. 

ATENCIÓN PSICOSOCIALA LOS EQUIPOS DE RESPUESTA, EN ESPECIALAL PERSONAL QUE TRABAJÓ EN LA IDENTIFICACIÓN Y LA DISPOSICIÓN DE CADÁVERES 

Un grupo especialmente vulnerable son los miembros de los equipos de primera respuesta encargados de la manipulación de los cadáveres o restos humanos; muchos de ellos son voluntarios jóvenes o personal de instituciones castrenses. También están los encargados de realizar las autopsias los cuales se sienten abrumados y sobrecargados en su carga laboral, cuando se presentan situaciones de muertes masivas. En forma general, no debe olvidarse la amplia gama de trabajadores que de una forma u otra intervienen en casos de esta índole. 

No todos los profesionales y voluntarios resultan aptos para estas labores, lo cual depende de variados factores como su edad, personalidad, experiencias anteriores, creencias sobre la muerte, etc. Se les debe informar de forma amplia sobre las características de las labores que realizarán y evitar que personas menores de 21 años participen o realicen labores de manejo de cadáveres. 

Existen factores de riesgo que incrementan la probabilidad de sufrir trastornos
psíquicos: 

  • Las condiciones en que se encuentren los cadáveres (avanzado estado de descomposición, mutilados, calcinados, etc.) o que sólo se recuperen miembros o partes de los cuerpos.
  • Exposición prolongada a experiencias muy traumáticas.
  • Confrontación con aspectos éticos.
  • Exposición simultánea a otros traumas o situaciones estresantes recientes.
  • Antecedentes de trastornos físicos o síquicos.
  • Condiciones de vida desfavorables.
  • Un proceso de selección no riguroso del personal profesional.
Es probable que el personal de los equipos de respuesta experimente algunas dificultades al regresar a su vida cotidiana al terminar sus labores en la emergencia. Éstas no deben considerarse, necesariamente, como expresión de enfermedad y requieren, sobre todo, de apoyo y acompañamiento familiar y social. 

El concepto de “vulnerabilidad universal”14 sostiene que no existe ningún tipo de entrenamiento o preparación previa que pueda eliminar completamente la posibilidad de que una persona que trabaje con víctimas primarias y fallecidas, sea afectada por síntomas de estrés postraumático u otros trastornos psíquicos. Cuando se evidencie la aparición de manifestaciones sicopatológicas importantes deben canalizarse los casos hacia una ayuda especializada. 

Algunas recomendaciones generales para la atención a los miembros de los equipos

de respuesta son: 

  • Considerar las características y los patrones de conducta específicos de este grupo. Ellos, generalmente, se sienten satisfechos por lo realizado y desarrollan un espíritu altruista.
  • Mantenerlos en actividad es positivo, libera estrés y refuerza la autoestima.
  • Favorecer la rotación de roles, así como organizar adecuadamente los tiempos de trabajo; a quienes han manejado cadáveres durante un tiempo, después deben asignarse otras tareas menos impactantes.
  • Estimular el autocuidado físico y tomar descansos periódicos.
  • Los terapeutas deben mantener una actitud de escuchar responsablemente
  • Garantizar la confidencialidad y el manejo ético de las situaciones personales y de la organización.
  • Redefinir las crisis como una posibilidad para el crecimiento.
  • Incluir a la familia en los procesos de ayuda y sensibilización.
  • Disminución de los condicionantes de estrés y valoración de estados emocionales subyacentes, antes y durante la emergencia.
  • Creación de espacios para la reflexión, la catarsis, la integración y la sistematización de la experiencia. Reconocer el enojo de algunos, no como algo personal, sino como la expresión de frustración, culpa o preocupación.
  • Estimular que entre ellos se manifieste el apoyo, la solidaridad, el reconocimiento y el aprecio mutuo.
  • Siempre que sea factible, los equipos implicados en el manejo y el reconocimiento de los cadáveres deben pasar por un proceso de atención o acompañamiento psicológico grupal al término de cada jornada de trabajo y una semana después de finalizar las operaciones.
Las orientaciones para el personal que haya laborado en el manejo de cadáveres, después que retorne la normalidad y se reintegre a la vida cotidiana son: 

  • Regresar a su rutina lo antes posible.
  • Realizar ejercicios físicos y de relajación.
  • Buscar contacto con la naturaleza.
  • Descansar y dormir lo suficiente.
  • Alimentarse de forma balanceada y regular.
  • No tratar de disminuir el sufrimiento con el uso de alcohol o drogas.
  • Buscar compañía y hablar con otras personas.
  • Participar en actividades familiares y sociales.
  • Observar y analizar sus propios sentimientos y pensamientos.
  • Reflexionar sobre la experiencia que ha vivido y lo que significa como parte de su vida. 

LA IMPORTANCIA DE UNA INFORMACIÓN VERAZ, ADECUADA Y OPORTUNA 

El disponer de una información veraz, transparente, adecuada y oportuna es vital para la contención emocional de los familiares y la población. La misma debe comprenderse

en varias dimensiones:

  • Directa individual,
  • Directa grupal y comunitaria, y
  • Por los medios de comunicación.

Las autoridades y líderes comunitarios deben estar preparados para ofrecer información directa ya sea individual o en grupos, así como para responder preguntas y disponerse a la búsqueda de soluciones. 

Los medios de comunicación se caracterizan por una dualidad en su naturaleza; por un lado, son empresas lucrativas y por otro, tienen una enorme responsabilidad social por el servicio público que brindan. 

Las informaciones sobre desastres y grandes cantidades de muertos son explotadas, frecuentemente, como sucesos noticiosos potenciando lo inédito, lo extraordinario o inaudito; incluso se puede manipular cierto interés morboso del público. Sin embargo, se debe insistir en el perfil ético y los aspectos de sensibilidad humana con que se debe manejar la información sobre estos acontecimientos; el objetivo debe ser una noticia veraz y responsable que sea capaz de orientar correctamente. 

Existen situaciones de muertes masivas en que los familiares se enteran de lo ocurrido por los medios de comunicación. En estos casos se puede esperar grandes aglomeraciones de personas pugnando por obtener información o para trasladarse lo más pronto posible al lugar de los acontecimientos. 

Un problema frecuente es el número de personas que circulan por las morgues, hospitales u otros lugares en busca de parientes o allegados y las limitaciones para su ingreso en forma individual o en pequeños grupos. Esto crea inconvenientes por la congestión y la desorganización que se pueden originar. Sin embargo, deben buscarse soluciones que den una respuesta adecuada, humana y respetuosa a estas personas. 

En ocasiones, la ausencia de la fuerza pública, por diversas razones, distrae la atención de un grupo considerable de trabajadores de la salud o los servicios humanitarios quienes se dedican al control del público; éste no es agresivo en la mayoría de los casos, pero por su gran cantidad es indispensable agruparlo y organizarlo para brindarle una adecuada información. 

Es necesario divulgar que los riesgos de brotes epidémicos por los cadáveres que murieron como consecuencia del desastre son mínimos. Este riesgo es inexistente cuando los cadáveres son enterrados en un deslizamiento de terreno o en derrumbes. 

Para las tareas de información es importante buscar el apoyo oportuno de vecinos y organizaciones comunitarias que tienen, además de talento humano, un gran conocimiento de la población y sus costumbres. 

PAPEL DE LAS AUTORIDADES 

El papel de las autoridades gubernamentales, así como de líderes comunitarios y de organizaciones no gubernamentales, es sumamente importante. Es responsabilidad del sector salud asesorarlos en los aspectos técnicos y humanos relacionados con el manejo masivo de cadáveres (consideraciones sociales, legales, de derechos humanos, sanitarias y aspectos psicológicos). Pueden cumplir una función importante en la información así como en la contención de las personas más afectadas. 

Las decisiones de las autoridades definen, en muchas ocasiones, la conducta que se debe seguir en el manejo de los cadáveres y en el abordaje de la población que vive en una atmósfera emocional compleja. Las decisiones apresuradas e inapropiadas pueden causar un daño importante y duradero, así como complicar los procesos posteriores de atención y rehabilitación sicosocial de la población. 

Independientemente de la potestad de las autoridades a cargo del manejo de la emergencia y de los motivos epidemiológicos que puedan apresurar la disposición de los restos mortales, se deben adoptar medidas que respeten y consideren las costumbres de la población, evitando situaciones como la sepultura en fosas comunes o la cremación, generalmente prohibidas por las disposiciones legales y violatorias de derechos humanos fundamentales. 

Resulta conveniente que las autoridades e instituciones públicas dispongan de voceros que se encarguen específicamente del manejo de la información y apoyen la contención emocional de la población. Es bueno tener horarios regulares para la información y hacer uso de comunicados oficiales, evitando la ambigüedad.

 

 



 

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