MANEJO DE CADÁVERES EN SITUACIÓN DE DESASTRES
EL DUELO
Es de esperarse que después de la
muerte de uno o varios seres queridos se presente la tristeza, el sufrimiento y
la aflicción. El período de duelo es aquél en el cual la persona asimila lo
sucedido, lo entiende, lo supera y reconstruye su vida. Éste es un proceso
normal que no debe apresurarse ni tratar de eliminarse, así como tampoco considerarlo
como una enfermedad.
En nuestra cultura se siente la
necesidad de recordar al ser querido, de conmemorar su vida y su muerte, como
expresión de “que no será olvidado”, así como para enfrentar los propios
sentimientos de tristeza. La tumba, una lápida, una foto o flores en la casa
son formas comunes de hacerlo. La realización de los rituales que establece la
cultura comunitaria es parte importante del proceso de recuperación de los sobrevivientes.
El duelo se vivencia con una mezcla de
tristeza, angustia, miedo e ira; en el momento más crítico llega a los extremos
del dolor emocional muy intenso y la desesperación. Después viene el alivio
progresivo y concluye con expresiones de confianza y esperanza renovadas.
El proceso de duelo implica:
·
Liberarse
o dejar atrás la relación con la persona fallecida,
·
Adaptarse
al mundo en otras condiciones, y
·
El
esfuerzo por establecer nuevas relaciones.
El modo de afrontar la pérdida y
llevar el duelo adecuadamente está en estrecha
relación con los siguientes factores:
·
La
personalidad del sobreviviente y la fortaleza de sus mecanismos de defensa,
·
La
relación con el fallecido,
·
Las
circunstancias en que ocurrieron los hechos, y
·
La
red de apoyo social (familia, amigos y comunidad).
En situaciones de muertes masivas se
han descrito los miedos y sentimientos que
experimentan los sobrevivientes1:
·
Pesadumbre
y aflicción por la pérdida de familiares y amigos que, en ocasiones, coexisten
con pérdidas de tipo material. También existen pérdidas más sutiles y a veces
intangibles, como la pérdida de la fe en Dios, la pérdida del sentido de la
vida, etc.
·
Miedos
prácticos: los temores a asumir los nuevos roles que le impone la desaparición
de un miembro de la familia (la esposa viuda que se convierte en jefa del
hogar) o el padre viudo a cargo de los hijos.
·
Miedos
recurrentes a que pueda ocurrir algo nuevamente o que la muerte se va a cernir
sobre otros miembros de la familia o la comunidad.
·
Miedo
personal a morir: el miedo a lo desconocido o a enfrentar a Dios.
·
Sentimientos
de soledad y abandono: es frecuente que los sobrevivientes experimenten que los
familiares y amigos los abandonan en momentos difíciles.
·
Miedo
a olvidar o ser olvidado.
·
Enojo:
se sienten molestos contra los que los murieron y lo descargan contra familiares
o amigos cercanos.
·
Sentimientos
de culpa: se sienten culpables en alguna medida de la muerte de los seres
queridos. A veces, lo que suceda después de la muerte incrementa este
sentimiento.
·
Vergüenza
después de la muerte de un ser querido, por circunstancias que rodearon el
fallecimiento de la persona (su comportamiento, humillaciones, etc.); o
vergüenza por las condiciones en que queda la familia después de los sucesos.
Las manifestaciones psicológicas más
frecuentes en situaciones de duelo son2:
·
Recuerdos
muy vivos y reiterativos del fallecido y de lo ocurrido.
·
Nerviosismo
o miedo, tristeza y llanto.
·
Deseos
de morir.
·
Problemas
con el sueño y el apetito.
·
Problemas
de memoria y para la concentración mental.
·
Fatiga
y pocas motivaciones y dificultades para retornar al grado normal de actividad.
·
Tendencia
al aislamiento y la soledad.
·
Mezcla
de sentimientos o emociones como: reproche a sí mismo, inculpar a otros,
frustración, impotencia, enojo, sentirse abrumado, etc.
·
Descuido
del aspecto y la higiene personal.
·
Manifestaciones
corporales como: mareos, náuseas, dolor de cabeza, opresión precordial,
temblores, dificultad para respirar, palpitaciones, sequedad en la boca y aumento
de la tensión arterial.
EL PROCESO DE DUELO
ALTERADO
En todas las sociedades existen ritos,
normas y formas de expresión del duelo, que se derivan de diferentes
concepciones de la vida y la muerte. En la cultura latina se desarrollan
determinados rituales como el velatorio del cadáver durante 24 horas, el entierro,
el acompañamiento de la familia por los amigos, la posterior realización de ceremonias
religiosas y la celebración de aniversarios.
Cuando se producen muertes masivas,
desapariciones, así como cadáveres no identificados,
este proceso se altera y no se pueden cumplir las diferentes facetas del mismo;
incluso, en muchos casos, no se dispone del cuerpo y se produce una sensación de
vacío, de “duelo frustrado o no resuelto”.
En condiciones de desastres
catastróficos y en la guerra, el duelo supone la necesidad de enfrentar otras
muchas pérdidas y tiene un sentido más amplio y comunitario; implica la ruptura
de un proyecto de vida, con una dimensión no sólo familiar, sino también
social, económica y política. Se puede identificar, entonces, no sólo el duelo
que individualmente vivencian las personas y su entorno familiar, sino que
existe un “duelo colectivo” que implica una atmósfera emocional de sufrimiento
y cólera que afecta la dinámica comunitaria. Se mezclan miedos y sentimientos,
se entorpecen los canales de comunicación y se modifican las conductas de
grupo. En períodos posteriores, es necesario trabajar la memoria histórica de
ese colectivo afectado.
Cuando la violencia está como eje
central de las muertes, hay mayor dificultad para enfrentar el dolor y llevar
adelante un proceso de duelo normal; se incrementa el sufrimiento y persisten
los recuerdos traumáticos. Cuando han sido masacres de carácter público, al
impacto del fallecimiento de los seres queridos se suma el haber sido testigo
de atrocidades. Se experimenta la sensación de falta de sentido de la muerte y
un profundo sentimiento de injusticia; así como emociones encontradas y reproche
por “no haber hecho nada”.
Las desapariciones forzosas son un son
un método inhumano que ha sido utilizado frecuentemente por las fuerzas
participantes en los conflictos armados en nuestra región. En muchos desastres
naturales y accidentes provocados por el hombre, también ocurren
desapariciones. Aunque la familia tenga la certeza de que la persona murió,
vivir con esa pérdida es mucho más difícil. Se crea una ambigüedad de
pensamientos y emociones y una preocupación adicional sobre la forma en que se
produjeron los hechos y el destino del cuerpo.
Las circunstancias que hacen más
difícil enfrentar un proceso de duelo son3:
·
Desapariciones,
·
Imposibilidad
de reconocer los cadáveres,
·
Enterramientos
colectivos,
·
Masacres,
y
·
Los
que, aunque supieron de la muerte y pudieron realizar un entierro, pero tienen muchos
sentimientos de ira debido a lo brutal e injusto de la misma.
El proceso de duelo alterado conduce,
frecuentemente, a la aparición de trastornos siquiátricos que requieren de
intervenciones más especializadas, como en los siguientes casos ocurridos en Guatemala,
Colombia y Perú.
LOS TRASTORNOS
PSIQUIÁTRICOS EN LOS SOBREVIVIENTES
Ante una situación muy significativa e
impactante emocionalmente - como la muerte de seres queridos - ciertos
sentimientos y reacciones son frecuentes; por lo general, el duelo implica un
alto nivel de angustia y tristeza en las personas. Así mismo, el recuerdo de lo
sucedido será parte de la vida de las víctimas y no se borrará de su memoria.
Pero se ha demostrado que sólo algunos sujetos experimentan problemas más
graves o duraderos que podrían calificarse como psicopatología.
Algunas manifestaciones síquicas son
la respuesta comprensible ante las experiencias traumáticas vividas, pero
también pueden ser indicadores de que se está presentando una condición
patológica (sobre todo en condiciones de duelos alterados).
La valoración debe hacerse en el
contexto de los hechos, determinando si se pueden interpretar como respuestas
“normales o esperadas” o, por el contrario, identificarse como manifestaciones
psicopatológicas que requieren un abordaje profesional.
Algunos criterios para determinar si
una expresión emocional se está convirtiendo
en sintomática son:
·
Prolongación
en el tiempo,
·
Sufrimiento
intenso,
·
Complicaciones
asociadas (por ejemplo, una conducta suicida), y
·
Afectación
significativa del funcionamiento social y cotidiano de la persona.
Los trastornos psíquicos inmediatos
más frecuentes en los sobrevivientes son los episodios depresivos y las
reacciones de estrés agudo de tipo transitorio. El riesgo de aparición de estos
trastornos aumenta de acuerdo con las características de las pérdidas y otros
factores de vulnerabilidad. En los desastres también se ha observado el
incremento de las conductas violentas, así como el consumo excesivo de alcohol.
Entre los efectos tardíos se reportan
duelos patológicos que se expresan como depresión, trastornos de adaptación,
manifestaciones de estrés postraumático, abuso del alcohol u otras sustancias
adictivas y trastornos psicosomáticos. En guerras y conflictos de larga
duración, los patrones de sufrimiento se manifiestan como tristeza, miedo
generalizado y ansiedad expresados corporalmente, síntomas que con frecuencia
adquieren un carácter grave y de larga duración.
El duelo complicado puede conducir a
un trastorno depresivo7
que se caracteriza por
una tristeza acentuada, pérdida de la capacidad de interesarse y disfrutar de
las cosas, disminución del nivel de actividad y cansancio exagerado. También se
señalan síntomas como: disminución de la atención y la concentración, pérdida
de confianza en sí mismo, sentimientos de inferioridad, ideas de culpa,
perspectivas sombrías sobre el futuro, pensamientos o actos suicidas,
trastornos del sueño y pérdida del apetito.
Los trastornos de adaptación se
caracterizan por un estado de malestar subjetivo, trastornos emocionales que
alteran la vida social y dificultad para ajustarse al cambio vital que
significa la pérdida.
El estrés postraumático es un
trastorno de tipo tardío o diferido que aparece como consecuencia de
acontecimientos excepcionalmente amenazantes o catastróficos; se inicia después
del trauma con un período de latencia cuya duración varía desde unas pocas
semanas hasta los seis meses. En muchas ocasiones, más que un cuadro completo
de estrés postraumático, aparecen sólo algunos síntomas del mismo8:
·
Evocación
del acontecimiento traumático (revivir el acontecimiento): recuerdos recurrentes e intrusos,
pesadillas, flashbacks.
·
Evitación
de estímulos asociados con el traumatismo: esfuerzos para evitar conversaciones, situaciones,
lugares o personas que recuerden el acontecimiento.
·
Disociación:
sensación subjetiva
de embotamiento o ausencia de la realidad, aturdimiento, como en un sueño. No
poder recordar aspectos importantes del trauma.
·
Disminución
de la capacidad de respuesta al mundo exterior: incapacidad de sentir emociones,
sensación de alejamiento de los demás.
·
Aumento
de la activación: estado
aumentado de alerta, irritabilidad o ataques de ira.
·
Ansiedad
significativa: en
ocasiones, estallidos agudos de miedo o pánico.
·
Depresión: es frecuente la ideación suicida.
·
Insomnio.
·
Síntomas
vegetativos.
·
El
consumo de alcohol o drogas puede ser un factor agravante.
También se ha reportado el incremento
del índice de suicidios en los períodos posteriores al deceso masivo de
personas como consecuencia de desastres naturales o crímenes de guerra
(Guatemala y Armero)9.
LA NOTIFICACIÓN DE LA
DESAPARICIÓN O MUERTE Y EL RECONOCIMIENTO DE CADÁVERES
La notificación de la muerte se puede
producir en el hogar, en un centro de salud, en la morgue o en otro escenario.
Resulta un momento crítico y difícil de enfrentar pues puede producir
reacciones fuertes. Algunas recomendaciones útiles son las siguientes:
·
Antes
de la notificación, debe recopilarse toda la información posible sobre el fallecido
y los hechos acaecidos;
·
Obtener
información sobre las personas que van a ser notificadas;
·
Asegurarse
de que el familiar adulto más apropiado reciba la noticia primero;
·
La
notificación debe realizarse de manera directa y personal;
·
La
notificación debe hacerse, preferiblemente, por dos personas;
·
Manejar
las reglas comunes de cortesía y respeto;
·
No
llevar a la entrevista objetos personales del fallecido;
·
invitar
a los familiares para que se sienten y hacer lo mismo por parte de quienes van
a notificarlos;
·
Observar
cuidadosamente el ambiente para prevenir riesgos y estar preparado para atender
niños u otras personas;
·
El
mensaje debe ser directo y sencillo; a la mayoría de las personas las
características de la escena le harán prever que algo terrible ha pasado, por
lo que no debe prolongarse su agonía o ansiedad; no hay que dejar dudas ni
crear falsas expectativas;
·
Estar
preparado para presentar evidencias y responder preguntas;
·
Si
los familiares lo requieren, debe ayudárseles a informar a otras personas, y
·
Escuchar
y atender las necesidades inmediatas de los familiares, así como recordarles
sus derechos.
La notificación del fallecimiento
siempre debe ser individual (caso por caso); debe evitarse dar una información
de esta índole de forma masiva o grupal. Si es necesario, deben constituirse
varios equipos o parejas que se distribuyan el trabajo.
Si la persona es desaparecida debe
notificarse como tal. Esto genera el comienzo de un proceso de tristeza
anticipada, pero también ayuda si los desaparecidos se confirman posteriormente
como muertos.
Si existen posibilidades de que no se
confirme en el corto plazo (o tal vez nunca) la muerte o el destino del
desaparecido, es necesario explicar las circunstancias que rodean el caso.
Si existen dudas sobre la identidad de
los cadáveres, debe explicarse la investigación que se realiza y aclarar que
hasta que no se concluya no se puede ofrecer una información fehaciente,
evitando las conjeturas. 130
Un problema importante por enfrentar
en casos de muertes masivas es el del reconocimiento de los cadáveres. En este
complejo proceso se ven implicados diversos actores como son: familiares,
autoridades, trabajadores de las morgues, equipos médicos y de asistencia
psicológica, así como los medios de comunicación social.
Las personas (en ocasiones,
adolescentes) que se ven forzadas a enfrentar el difícil trance del
reconocimiento de los cadáveres se exponen a momentos muy traumáticos.
Entre las manifestaciones que se
presentan entre los familiares que van a reconocer los cuerpos de sus seres
queridos destacan la desesperación, la frustración y, ocasionalmente,
manifestaciones de protesta o inconformidad con los procedimientos que se están
usando, etc. Esto se puede ver acrecentado si los cadáveres se encuentran en
estado de descomposición, mutilados o quemados, como ocurre en los casos de
incendios o accidentes de aviación.
Si los cuerpos no se encuentran o no
se pueden reconocer, se puede esperar a que se presenten diversos rumores, que
deben ser afrontados mediante una información veraz y oportuna. Se debe
permitir que los familiares vean todos los cuerpos, cualquiera que sea el
estado en que éstos se encuentren, ya que los deudos siempre harán todo lo
posible por reconocer a sus seres queridos. De no hacerse esto, pueden aparecer
manifestaciones de inconformidad y violencia.
Es importante contar con servicios
médicos y de atención de salud mental lo más cerca posible del lugar donde se
esté realizando el reconocimiento de cadáveres para brindar asistencia física y
emocional a los familiares.
Por lo general, los familiares
reclaman ver el cadáver lo antes posible o esto puede
ser necesario para identificar el
cuerpo. Se recomienda lo siguiente:
·
La
decisión de quiénes van a ver el cadáver deben tomarlas los propios dolientes.
·
No
permitir que los familiares ingresen solos al reconocimiento; es preferible que
estén acompañados por personal calificado que les brinde algún soporte emocional.
·
Ofrecer
privacidad y respeto para que puedan despedirse, incluso si quieren tocar el
cuerpo.
·
Respetar
en ese momento cualquier tipo de reacción que puedan tener los familiares.
·
Si
el cuerpo está muy alterado o mutilado, es necesario explicar previamente y de
manera clara las condiciones en que se encuentra.
·
Si
se utilizan fotografías, describirlas previamente. El sistema de fotos puede ser
eficaz en situaciones con un número reducido de cadáveres; pero cuando existe
un número elevado de cuerpos puede generar tumultos o prestarse a que dos o más
familias crean reconocer un mismo cuerpo.
·
Un
apoyo necesario, casi siempre, es transportar a los familiares hacia el lugar donde
está el cadáver y asegurar el retorno.
·
Proveer
mínimas condiciones de comodidad y garantizar una atención humana en el lugar
del reconocimiento de los cadáveres
ATENCIÓN PSICOSOCIALA
LOS SOBREVIVIENTES
Frecuentemente se enfrenta un panorama
desolador con numerosas pérdidas humanas y materiales en una situación de
inseguridad y angustia.
Los familiares de los desaparecidos
son atormentados por la duda y falta de certeza en cuanto a lo que realmente
ocurrió. También, cuando las víctimas han sido enterradas en fosas comunes o
cremadas y no fueron debidamente identificadas, se crea una situación de dolor
prolongado e incertidumbre entre los familiares.
En los primeros momentos es necesario
utilizar técnicas de intervención en crisis para los sobrevivientes. A
continuación se dan algunas recomendaciones 13:
·
Tratarlos
como sobrevivientes activos y no como víctimas pasivas.
·
Asistir
y mostrar preocupación por la seguridad física y la salud.
·
Asegurarse
que tengan abrigo, alimentación, vestuario y que puedan dormir.
·
Proporcionar
apoyo emocional y un sentido de conexión con otras personas.
·
Asegurar
privacidad y confidencialidad en la comunicación.
·
Facilitar
que ventilen o cuenten su historia y afloren las emociones.
·
El
que ofrece la ayuda psicológica debe desarrollar el sentido de escuchar
responsable, cuidadosa y pacientemente. Los miembros de los equipos de
respuesta deben explorar sus propias concepciones y preocupaciones sobre la muerte
y no deben imponer su visión a aquéllos que ayudan.
·
No
darle carácter médico a la atención. No tratar a las víctimas, necesariamente, como
enfermos.
·
Más
que dar consejos, debe permitirse la reflexión sobre lo sucedido y cómo enfrentar
el futuro. Las orientaciones deben referirse más bien a cuestiones prácticas y
canales de ayuda que se abren.
·
Proveer
tanta información como sea posible y escuchar las dudas y problemas para
contribuir a canalizarlos.
·
Favorecer
el retorno a la vida cotidiana lo antes posible.
·
Evitar
la intromisión de la prensa u otros grupos.
·
El
apoyo espiritual o religioso es, generalmente, un instrumento valioso para calmar
a los familiares.
Un elemento importante en el manejo de
los duelos es favorecer la rápida tramitación de la funeraria y lograr que sea
gratuita o accesible para las personas de bajos ingresos. La demora en la
entrega de los cadáveres y la incertidumbre sobre los recursos para el pago de
los servicios funerarios crea aún mayor angustia y sufrimiento.
Frecuentemente, las autoridades no conceden
mayor importancia al problema de los servicios funerales, sobre todo en medio
de la situación de caos creada por el desastre. Sin embargo, para los
familiares tiene una gran significación y puede ser motivo de protestas y
malestar colectivo.
Los criterios de remisión a un
especialista (psicólogo o médico psiquiatra) son limitados y específicos:
·
Síntomas
persistentes o agravados que no se han aliviado con las medidas iniciales.
·
Dificultades
importantes en la vida familiar, laboral o social.
·
Riesgo
de complicaciones, en especial, el suicidio.
·
Problemas
coexistentes como alcoholismo u otras adicciones.
·
Las
depresiones mayores, psicosis y el trastorno por estrés postraumático son cuadros
psiquiátricos graves que requieren de atención especializada.
El uso de
medicamentos debe estar restringido a los casos estrictamente necesarios y sólo
prescritos por facultativos. No es recomendable el uso indiscriminado y por
largos períodos de psicofármacos; algunos, como los tranquilizantes, tienen
efectos secundarios importantes y crean adicción.
La gran
mayoría de los casos pueden y deben atenderse ambulatoriamente, en su contexto
familiar y comunitario. Por lo general, la hospitalización no es necesaria. En
la vida cotidiana es donde se activa la recuperación sicosocial de las personas
después de los eventos traumáticos importantes.
Para los
niños sobrevivientes se recomienda:
- Una estrategia de recuperación psicosocial
flexible y no profesionalizada.
- Considerar la escuela, la comunidad y la
familia como espacios terapéuticos fundamentales. Los maestros, el
personal comunitario, los grupos de mujeres y los grupos de jóvenes se
convierten en agentes de trabajo con los menores.
- Fortalecer la capacitación, la atención y la
motivación del personal que trabaje con niños.
- Las técnicas grupales lúdicas son instrumentos
esenciales para la recuperación psicosocial de los niños. Deben combinarse
con la recreación y el deporte.
- Favorecer, lo antes posible, el retorno a la
vida normal incluyendo la escuela.
- Aprovechar las tradiciones populares en lo
referente a los cuidados y la atención de los menores afectados.
ATENCIÓN PSICOSOCIALA LOS EQUIPOS DE RESPUESTA, EN ESPECIALAL PERSONAL
QUE TRABAJÓ EN LA IDENTIFICACIÓN Y LA DISPOSICIÓN DE CADÁVERES
Un grupo
especialmente vulnerable son los miembros de los equipos de primera respuesta
encargados de la manipulación de los cadáveres o restos humanos; muchos de
ellos son voluntarios jóvenes o personal de instituciones castrenses. También
están los encargados de realizar las autopsias los cuales se sienten abrumados
y sobrecargados en su carga laboral, cuando se presentan situaciones de muertes
masivas. En forma general, no debe olvidarse la amplia gama de trabajadores que
de una forma u otra intervienen en casos de esta índole.
No todos
los profesionales y voluntarios resultan aptos para estas labores, lo cual
depende de variados factores como su edad, personalidad, experiencias
anteriores, creencias sobre la muerte, etc. Se les debe informar de forma
amplia sobre las características de las labores que realizarán y evitar que
personas menores de 21 años participen o realicen labores de manejo de
cadáveres.
Existen
factores de riesgo que incrementan la probabilidad de sufrir trastornos
psíquicos:- Las condiciones en que se encuentren los
cadáveres (avanzado estado de descomposición, mutilados, calcinados, etc.)
o que sólo se recuperen miembros o partes de los cuerpos.
- Exposición prolongada a experiencias muy
traumáticas.
- Confrontación con aspectos éticos.
- Exposición simultánea a otros traumas o
situaciones estresantes recientes.
- Antecedentes de trastornos físicos o síquicos.
- Condiciones de vida desfavorables.
- Un proceso de selección no riguroso del personal profesional.
Es probable
que el personal de los equipos de respuesta experimente algunas dificultades al
regresar a su vida cotidiana al terminar sus labores en la emergencia. Éstas no
deben considerarse, necesariamente, como expresión de enfermedad y requieren,
sobre todo, de apoyo y acompañamiento familiar y social.
El concepto
de “vulnerabilidad universal”14 sostiene
que no existe ningún tipo de entrenamiento o preparación previa que pueda
eliminar completamente la posibilidad de que una persona que trabaje con
víctimas primarias y fallecidas, sea afectada por síntomas de estrés postraumático
u otros trastornos psíquicos. Cuando se evidencie la aparición de
manifestaciones sicopatológicas importantes deben canalizarse los casos hacia
una ayuda especializada.
Algunas
recomendaciones generales para la atención a los miembros de los equipos
de
respuesta son:
- Considerar las características y los patrones
de conducta específicos de este grupo. Ellos, generalmente, se sienten
satisfechos por lo realizado y desarrollan un espíritu altruista.
- Mantenerlos en actividad es positivo, libera
estrés y refuerza la autoestima.
- Favorecer la rotación de roles, así como
organizar adecuadamente los tiempos de trabajo; a quienes han manejado
cadáveres durante un tiempo, después deben asignarse otras tareas menos
impactantes.
- Estimular el autocuidado físico y tomar
descansos periódicos.
- Los terapeutas deben mantener una actitud de
escuchar responsablemente
- Garantizar la confidencialidad y el manejo
ético de las situaciones personales y de la organización.
- Redefinir las crisis como una posibilidad para
el crecimiento.
- Incluir a la familia en los procesos de ayuda
y sensibilización.
- Disminución de los condicionantes de estrés y
valoración de estados emocionales subyacentes, antes y durante la
emergencia.
- Creación de espacios para la reflexión, la
catarsis, la integración y la sistematización de la experiencia. Reconocer
el enojo de algunos, no como algo personal, sino como la expresión de
frustración, culpa o preocupación.
- Estimular que entre ellos se manifieste el
apoyo, la solidaridad, el reconocimiento y el aprecio mutuo.
- Siempre que sea factible, los equipos implicados en el manejo y el reconocimiento de los cadáveres deben pasar por un proceso de atención o acompañamiento psicológico grupal al término de cada jornada de trabajo y una semana después de finalizar las operaciones.
Las
orientaciones para el personal que haya laborado en el manejo de cadáveres,
después que retorne la normalidad y se reintegre a la vida cotidiana son:
- Regresar a su rutina lo antes posible.
- Realizar ejercicios físicos y de relajación.
- Buscar contacto con la naturaleza.
- Descansar y dormir lo suficiente.
- Alimentarse de forma balanceada y regular.
- No tratar de disminuir el sufrimiento con el
uso de alcohol o drogas.
- Buscar compañía y hablar con otras personas.
- Participar en actividades familiares y
sociales.
- Observar y analizar sus propios sentimientos y
pensamientos.
- Reflexionar sobre la experiencia que ha vivido
y lo que significa como parte de su vida.
LA IMPORTANCIA DE UNA INFORMACIÓN VERAZ, ADECUADA Y OPORTUNA
El disponer
de una información veraz, transparente, adecuada y oportuna es vital para la
contención emocional de los familiares y la población. La misma debe
comprenderse
en varias
dimensiones:
- Directa individual,
- Directa grupal y comunitaria, y
- Por los medios de comunicación.
Las
autoridades y líderes comunitarios deben estar preparados para ofrecer
información directa ya sea individual o en grupos, así como para responder
preguntas y disponerse a la búsqueda de soluciones.
Los medios
de comunicación se caracterizan por una dualidad en su naturaleza; por un lado,
son empresas lucrativas y por otro, tienen una enorme responsabilidad social
por el servicio público que brindan.
Las
informaciones sobre desastres y grandes cantidades de muertos son explotadas,
frecuentemente, como sucesos noticiosos potenciando lo inédito, lo
extraordinario o inaudito; incluso se puede manipular cierto interés morboso
del público. Sin embargo, se debe insistir en el perfil ético y los aspectos de
sensibilidad humana con que se debe manejar la información sobre estos acontecimientos;
el objetivo debe ser una noticia veraz y responsable que sea capaz de orientar
correctamente.
Existen
situaciones de muertes masivas en que los familiares se enteran de lo ocurrido por
los medios de comunicación. En estos casos se puede esperar grandes
aglomeraciones de personas pugnando por obtener información o para trasladarse
lo más pronto posible al lugar de los acontecimientos.
Un problema
frecuente es el número de personas que circulan por las morgues, hospitales u
otros lugares en busca de parientes o allegados y las limitaciones para su ingreso
en forma individual o en pequeños grupos. Esto crea inconvenientes por la congestión
y la desorganización que se pueden originar. Sin embargo, deben buscarse soluciones
que den una respuesta adecuada, humana y respetuosa a estas personas.
En
ocasiones, la ausencia de la fuerza pública, por diversas razones, distrae la atención
de un grupo considerable de trabajadores de la salud o los servicios
humanitarios quienes se dedican al control del público; éste no es agresivo en
la mayoría de los casos, pero por su gran cantidad es indispensable agruparlo y
organizarlo para brindarle una adecuada información.
Es
necesario divulgar que los riesgos de brotes epidémicos por los cadáveres que murieron
como consecuencia del desastre son mínimos. Este riesgo es inexistente cuando
los cadáveres son enterrados en un deslizamiento de terreno o en derrumbes.
Para las
tareas de información es importante buscar el apoyo oportuno de vecinos y
organizaciones comunitarias que tienen, además de talento humano, un gran
conocimiento de la población y sus costumbres.
PAPEL DE LAS AUTORIDADES
El papel de
las autoridades gubernamentales, así como de líderes comunitarios y de
organizaciones no gubernamentales, es sumamente importante. Es responsabilidad del
sector salud asesorarlos en los aspectos técnicos y humanos relacionados con el
manejo masivo de cadáveres (consideraciones sociales, legales, de derechos
humanos, sanitarias y aspectos psicológicos). Pueden cumplir una función
importante en la información así como en la contención de las personas más
afectadas.
Las
decisiones de las autoridades definen, en muchas ocasiones, la conducta que se
debe seguir en el manejo de los cadáveres y en el abordaje de la población que
vive en una atmósfera emocional compleja. Las decisiones apresuradas e
inapropiadas pueden causar un daño importante y duradero, así como complicar
los procesos posteriores de atención y rehabilitación sicosocial de la
población.
Independientemente
de la potestad de las autoridades a cargo del manejo de la emergencia y de los
motivos epidemiológicos que puedan apresurar la disposición de los restos
mortales, se deben adoptar medidas que respeten y consideren las costumbres de
la población, evitando situaciones como la sepultura en fosas comunes o la cremación,
generalmente prohibidas por las disposiciones legales y violatorias de derechos
humanos fundamentales.
Resulta
conveniente que las autoridades e instituciones públicas dispongan de voceros
que se encarguen específicamente del manejo de la información y apoyen la contención
emocional de la población. Es bueno tener horarios regulares para la información
y hacer uso de comunicados oficiales, evitando la ambigüedad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario